Mostrando entradas con la etiqueta vegetales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta vegetales. Mostrar todas las entradas

lunes, 10 de agosto de 2009

Pequeño homenaje al puré de verduras


Porque la verdura es sana, porque admite multitud de declinaciones, porque apetece en verano, porque tambien puede ser visualmente atractiva, porque lo rutinario tambien puede ser especial...

Crema de verduras con helado de gorgonzola

3 puerros
3 chalotas
4 zanahorias
2 patatas medianas
1 cajita de guisantes conjelados
1 buen manojo de espinacas
2 vasos de caldo
1 cds de mantequilla y 1 de aceite
1 chorrito de crema de leche

1 vasito de crema de leche
2 vasitos de leche entera
gorgonzola en trocitos al gusto
1 hoja de gelatina

Cortar los puerros, chalotas, zanahorias y patatas a daditos pequeños. Poner la sartén a fuego medio y fundir la mantequilla con el aceite. Echar los puerros y dejar que suden y se reblandezcan antes de echar las chalotas. Dejar que se cuezan a fuego bajo, lentamente. Cuando estén transparentes, echar la zanahoria y posteriormente las patatas. Subir un poco el fuego y dejar algunos minutos pero sin que se lleguen a dorar las patatas. Fianlmente, añadir los guisantes y los espinacas y el caldo caliente. Hervir hasta que esté cocido. Retirar del fuego, sacar el líquido excedente (reservarlo por si luego hay que añadirlo porque la crema quedase demasiado espesa) y pasar por el minipimer. En este punto se puede añadir o no el chorrito de nata, a mi me encanta pero el helado ya aporta este sabor. Dejar enfriar.

Para el helado, calentar la leche la crema y el queso hasta que se funda. Hidratar la hoja de gelatina y posteriormente añadirlo a la mezcla caliente. Dejar enfriar y congelar.

viernes, 31 de agosto de 2007

Indagando

El otro día, en la zona de frutas y verduras del supermercado, me llamó la atención un bulbo que desde hacía tiempo había despertado mi curiosidad por ser autóctono, fácilmente encontrable por estas latitudes y sin embargo poco usado en nuestra cocina. Hablo del hinojo, que aparentemente se utiliza bastante en Italia (tienen incluso una variedad propia, más dulce) y personalmente, me lo he encontrado también, más de una vez, a modo de acompañamiento de pescados, sobretodo, en Francia. Es una planta la mar de simpática que vive en los bordes de los caminos y desprende una fragancia anisada increíble.

Informándome sobre su historia, he descubierto al parecer la empezaron a consumir griegos y romanos y en la edad media se le atribuyeron algunas que otras mágicas propiedades. Con una historia tan lejana seguramente existiría alguna tradición culinaria de los mismos bulbos por estos nuestros lares y efectivamente la he encontrado. En el libro de Manuel Vázquez Montalbán , en el capítulo de cocina de las Illes Balears, aparecen unos bulbos de hinojo rellenos de sobrasada que despertaron mi curiosidad y me puse manos a la obra. Utilizé sobrasada de de Porc Negre que es una variedad de cerdo autóctona de Mallorca muy apreciada. Y que no os engañen, el tesoro de Mallorca no es únicamente la ensaimada (con grasa o saïm de cerdo) sino toda una tradición culinaria que gira entorno del cerdo y las matances. Va a ser que al final la dieta mediterránea no será tan sana?

Bulbo de hinojo a la mallorquina


1 bulbo de hinojo
1 lonchita de sobrasada
1 cdp de pan rallado
1 sofrito de 1/2 cebolla y un ajo
1/2 huevo batido
1 galleta salada mallorquina (la clásica Quelis®, aunque yo he usado craquers)
perejil
sal y pimienta

Hervir el bulbo de hinojo partido longitudinalmente durante unos 10 min o hasta que esté tierno ya que dependerá de su tamaño. En cuanto esté, vaciar el centro del bulbo y picarlo en daditos.

Precalentar el horno a 180º.

Mezclar en un recipiente el resto de los ingredientes (salvo las galletas), incluidos los centros de hinojo y rellenar con esta mezcla los bulbos (anda si hasta parecerá un crumble). Aplastar groseramente las galletas y cubrir con ellas los bulbos. Poner al horno durante 20 min o hasta que las galletas se doren. Servir acompañado de salsa de tomate.

Bueno, os lo tengo que contar, por muy tradicional y muy lo que queráis que sea esta receta, pues no nos apasionó. La verdad, el aroma del hinojo crudo es una auténtica sensación pero al cocerse pierde este encanto y la verdad, poco le queda. Mi intuición esta vez me condujo por unos derroteros un tanto desangelados. Siento desanimar pero no creo que la repita.