viernes, 17 de agosto de 2007

Puuuulgaaaaaaaa! Tienes que hacer algo con todos estos melocotones.


Siempre que sucede, pues ocurre, que al ir a la frutería con S. se nos van los ojos y compramos demasiada fruta. Si seguimos el ritmo de ingesta calculado en la tienda en nuestros desvarios para autojustificarnos la compra, no pasa nada. Pero si, en algún momento, sobreviene uno de esos períodos de inapetencia frutal, entonces se fastidia el invento. Todo esto para contar que tenía que darle salida a unos hermosos, amarillos y grandiosos melocotones antes de que se convirtieran en auténticas pasas de nevera. Navegando a mi aire por la red encontré en la página de Miamourdises una sugerente combinación de melocotón con albahaca y de ahí a la idea de un sorbete fresco, helado, pos no pasó ni una milésima de segundo. El resultado está de muerte mortal y, dicho sea de paso aunque no venga al caso, me encantan mis auténticas copas seventies de la foto que son las de casa de mis padres de toda la vida y que finalmente han acabado formando parte de mi cristalería. Tienen una burbujita de aire en el pie...

Sorbete melocotón-albahaca


3 melocotones (amarillos, grandes, olorosos...)
5 hojas de albahaca
150ml de agua
100g de azúcar

Hervir el agua con el azúcar durante 1 min para obtener el amíbar. Quiero intentar con edulcorante algún día por eso de las calorías... pero por ahora ciñámosnos a lo clásico.
Pasar por la batidora los melocotones con las hierbas hasta obtener un puré. Mezclarlo con el almíbar frío y poner al congelador. Remover a menudo para romper los critales de hielo que se vayan formando. Yo creo que a las 3 horas está listo aunque yo lo dejé toda la noche y lo saco un poco antes para que no esté tan frío.

martes, 14 de agosto de 2007

Incursiones por el lejano oriente

Quien no siente curiosidad por la cocina oriental? La verdad, constituye un mundo a parte tanto por los productos como por las técnicas y me parece de lo más inspiradora. Es cierto que la encajonamos sin pararnos muchas veces a analizar su gran diversidad y riqueza pero estoy sensibilizada y dispuesta a dejarla entrar en mi cocina (si ella se deja claro está).

Las gyoza son unas pequeñas enpanadillas originarias de china muy pero que muy fáciles de hacer y bastante resultonas como veréis. En Japón se fríen en la plancha y en China se hacen al vapor y además he podido observar que la manera de doblarlas es diferente. Bueno, la receta que yo he adulterado es la japonesa (por las peculiaridades de mi querido S. fundamentalmente) aunque algún día me cargaré también la tradición milenaria china intentando imitarla. ;-)

Gyozas (once again my way)


1 paquete de masa wonton (de venta en los hipers orientales congelados)
300gr de magra de cerdo picada (2 veces)
1 manzana
gengibre en polvo (o rallado más mejor)
1 cdp de aceite de sésamo
salsa de soja oscura
aceite de oliva

Se mezcla la carne con la manzana, el gengibre, la cucharadita de aceite de sésamo (si os gusta poned más pero a mi me parece un sabor bastante fuerte) y un chorrito de salsa de soja. Creo que son más tradicionales la col, la cebolla y los langostinos pero yo es que soy muy mía.

Mis raviolis eran cuadrados de manera que con la ayuda de un vaso los corté y los fui rellenando con la masa anterior. Al doblarlos, el borde de un lado queda plano y el otro se plisa para que queden tal y como veréis en la foto de abajo en la que están crudos.

En una sartén, se pone un chorrito de aceite y se colocan los raviolis en fila apoyados los unos en los otros. En cuanto se frien de un lado se les da la vuelta (yo para asegurar el tiro lo he hecho con un plato como si fueran un tortilla, los recursos de siempre vamos) y cuando estén del otro lado se añade una tacita de agua y se tapa la sartén para que se cuezan al vapor. En cuanto se vuelve a oir chiporrotear el aceite se retiran. Ya están listos.

La salsa, pues hay miles de combinaciones y seguro más acertadas que la mía. Ahora, eso si, yo os puedo decir que la mezcla de aceite de oliva con salsa de soja me ha encantado. Claro que el aceite que he puesto es fuertecillo porque para mantenerle el pulso a la salsa de soja...

sábado, 11 de agosto de 2007

Caviar de pobre


No tengo ni idea de donde ha sacado mi suegra que las sardinas en salazón saben a caviar pero no voy a ser yo quien le lleve la contraria. De manera que esta receta no va de caviar sino de sardinas. Me gusta probar estos sabores que debido a los progresos de la técnica hoy ya no resultan imprescindibles y en consecuencia se van perdiendo. El arroz suaviza el sabor y las hierbecitas añaden matices... bueno creo que nos gustó a la mayoría.

Ensalada de arroz con sardinas en salazón (4 personas)

8 sardinas (sucias, con escamas, con tripas y con tó..)
sal fina
4 tacitas de arroz
alfalfa germinada
cebollino y albahaca (basilicum)
aceite, sal y pimienta

Se colocan las sardinas enteras en un recipiente y se van cubriendo de sal a medida que se apilan las capas. Yo las pongo en el congela (por si los anisakis) pero es opcional y las saco cuando preveo que las voy a necesitar. Lo principal es que se pasen dos días en la nevera normal.

Se coje parte del cebollino y la albahaca y se pasa por la batidora junto con aceite. Se cojen las sardinas, se aplastan un poquillo y se pelan. Luego se sacan los dos filetitos y se introducen en la totalidad del aceite con hierbas. Se dejan reposar en la nevera un par de horas.

Se cuece el arroz en abundante agua con sal. Se cuela y en cuanto se enfrie un poco se mezcla tambien con parte del aceitillo en el que estan las sardinas. Se deja reposar en la nevera un par de horas.

A la hora de montar el plato, coloqué los filetes pegados a las paredes del molde, lo llené de arroz, desmoldé y coroné con brotes de alfalfa.

Este entrante es sencillo, sabroso, fresco y tiene esa pizca de nostalgia de lo tradicional que me encanta. Una sincera recomendación de la Pulga.

martes, 7 de agosto de 2007

Del pollo se aprovecha todo o lo que viene siendo un post casero

Como dice mi suegra, cualquier día paso los huesos del pollo por la picadora y hago pastillas de calcio. El pollo da mucho pero mucho de sí y ahora que me he puesto a pensar, lo utilizo un montón y con diferentes recetas, maneras de cocinar, salsas... En casa somos más bien de pechuga. Al final lo que sobra cuando hago un pollo al horno para los dos son los muslos, demasiado melosos en mi opinión (a mi abuela, como a todas las del mundo que suelen reservar los muslos para los nietos, le costó aceptar mis preferencias pero lo tiene superado). No somos de estas parejas tan bien avenidas a las que les basta medio pollo, no, nosotros tenemos que comprar el pollo enterito porque los dos queremos pechuga. Y la verdad es que ya me he acostumbrado a hacer croquetas con ellos. Me organizo para hacer la masa el día anterior y listos. Así pues, esto de las croquetas se ha convertido en un movimiento a tres tiempos. Primero se hace el pollo al horno con hierbecitas de provenza que son un grandísimo invento (seguramente de un nobel de la kitchen), luego se comen las pechugas (existe la otra variante para los que prefieren los muslos o incluso para las parejas que se complementan y les basta con medio pollo) y finalmente se hacen las croquetas. Ah, bueno y claro se comen tambien, ya me fastidió mi elegante ritmo ternario. :-(

Bueno, la receta de las croquetas es tan clásica que tenemos tendencia a banalizarla pero yo estoy convencida de que detrás de una croqueta hay mucha sensibilidad y nunca nunca hay que subestimar el potencial revelador de una croqueta. Os lo digo de verdad, si a Proust le transportaban a la infancia las madalenas a mi lo que me inspira son las croquetas: crujientes por fuera, suaves por dentro, las de mi abuela, de mi madre, las de casa de mis primos, cuando me invitaban a casa de alguna amiga, frías de nevera, cuando robábamos masa cruda... Mi vida está repleta de recuerdos relacionados con las croquetas! Y finalmente están las mías, con ese sabor a hierbecitas que le da el pollo al horno y que a S. le encanta. A partir de ahora que tenéis a mano mi receta casera, quedan prohibidas las croquetas congeladas u os arriesgáis a perder la conexión directa de los sentidos con los recuerdos a través de las croquetas crujientes, aromáticas, caseras y recién hechas. Ah! y sobre todo, apuesto por cultivar la diversidad de recetas de croquetas, aprender de las madres y abuelas e innovar constantemente para crear nuestra propia fuente de recuerdos.

Croquetillas en tres tiempos usease pollo a banda (una receta casera de esas que con un poco de práctica triunfan por si solas)


1 pollo (si es de esos criados en libertad mejor, son más caros pero es que la apariencia y el sabor son bastante diferentes y en esta receta se aprecia bastante la diferencia)

hierbas de provenza
1/2 limón
aceite, sal y pimienta
1 cebolla picada (yo la paso directamente por la picadora porque si encuentran trocitos...)
2 cs colmadismas de harina
1/2 litro de leche (cantidad sujeta al control de calidad a ojímetro...)
1 huevo
pan rallado
aceite y sal

El pollo es un animal muy soso de por sí, de manera que es mejor ponerle sal, pimienta y hierbas por fuera y tambien por dentro. Ah! olvidaba que antes hay que limpiar el pollo (fuera vísceras!). Luego se introduce el limón cortado (en el sentido que queráis) dentro del pollo y se rocía con un chorro de aceite de oliva. Vale, lo confieso, a veces le pongo media pastilla de caldo desmenuzada dentro porque le da mejor sabor. Y nada, ahora viene el trabajo fácil, 1h al horno a 200ºC. Ojo con el tiempo de cocción que viene más bien marcado por el tamaño del pollo. Mi técnica casera que no incluye termómetro es abrir un poco el muslo con un cuchillito y mirar que ya no esté rojizo (que no se ría nadie, que os estoy revelando mis trucos).

Cuando el pollo esté frío, desmenuzarlo y pasar los trozos por la picadora a velocidad no muy alta. Es importante que no quede una masa de carne de pollo compacta sino trocitos de pollo irregulares. Si algún trozo quedase un poco grande lo acabáis de cortar a cuchillo. Picar la cebolla y sofreirla con poco aceite a fuego no excesivamente fuerte hasta que quede transparente. Incorporar entonces el pollo junto con el líquido resultante de su cocción al horno y pasarlo por la sartén. Incorporar la harina y dorarla un poco para que pierda su sabor de harina cruda. Yo voy vertiendo la leche en 3 o 4 veces mientras voy removiendo y la masa incorpora la leche. No olvidar de rectificar de sal. En cuando se ha logrado la textura que nos gusta, hay que seguir trabajando la masa hasta que se compacta un poco más y se despega de las paredes, orientativamente unos 5 min. Ojo que con este último procedimiento se espesa más, de manera que si la queréis más bien suelta añadidle un poco más de leche antes pero sin pasarse que sino luego al freirlas reventarán.

Se vierte la masa finalizada en un molde, se deja enfriar a temperatura ambiente y luego se introduce en la nevera toda la noche. Al día siguiente, se corta la masa en parte iguales y se le da la forma que se prefiera. Se rebozan en huevo batido con un poco de sal y en pan rallado. Finalmente se fríen. Ojo! Freir croquetas caseras en sarten no es fácil, hay que intentar que se doren de formar progresiva y regular por todos los lados para que no se agrieten, salga la masa y empieze a salpicar el aceite. Para ello, les voy dando la vuelta continuamente aunque la solución profesional es que queden completamente sumergidas en el aceite en una freidora pero esto son croquetas caseras y es lo que hay.

viernes, 3 de agosto de 2007

Inspiración nórdica o en busca de un soplo de aire fresquito


Tengo que admitirlo, mi pertenencia a la especie humana no es ambientalmente sostenible. Esta noche hemos dormido con el aire acondicionado y esta mañana yo era otra persona. Con las ideas claras, despierta, motivada, alegre... Lo he intentado, hasta hoy no habíamos encendido el aire pero ahora que hemos probado la fruta prohibida, auguro un futuro de despilfarro y contaminación sin precedentes entre las cuatro paredes de mi casa. Soy culpable, lo admito, y espero que las almas que habitan en los pocos bosques que quedan no se rebelen contra mi, espero no haber corrompido mi karma hasta el fin de mis días y no, no me arrepiento de dormir fresquita. El sueño del apagón produce monstruos.

Cheesecake de salmón

1 sobre de salmón ahumado
100g de Philadelphia® light (por lo que deriva de la gravedad aunque el normal tambien vale)
2 cs de miel
2 cs de mostaza antigua (o nueva pero no pasada eh!)
1/2 limón
1 hoja de gelatina
crakers (en mi caso de espelta)
50g de mantequilla
eneldo
sal y aceite

Recortar el salmón del tamaño del molde. Picar el resto en trocitos pequeñísmos.

Aplastar las galletas. Cada uno su método, el mío, una mano de mortero y un bowl que tampoco hay que picar fuerte. Se mezcla con la mantequilla fundida, se aplasta bien con el culo de un vaso (o vasito de chupito en este caso) en el fonde de un moldecito y al congela a que se solidifique un poco.

Poner la hoja de gelatina en remojo con agua fría. Verter el queso de untar en un bowl y ablandarlo, luego añadir los trocitos de salmón, la miel, la mostaza, el eneldo picadito, un poco de sal y mezclar con las varillas. Calentar el zumo del medio limón y añadirle la gelatina para que se desaga. En cuanto esté templado, verter en el bowl y mezclar bien.

Verter la mezcla de queso en el molde y tapar con la lámina de salmón cortada al inicio. Picar un poco de eneldo, esparcirlo y tapar el molde con papel film. Poner en la nevera unas horas para que coja bien la gelatina. Lo ideal es hacerlo el día anterior.

Justo antes de servirlo, preparar una salsita con miel, mostaza y aceite bien mezclado con las varillas. Para desmoldar, rodear el molde con un trapito caliente durante unos segundos y si es necesario pasar la lámina del cuchillo por el borde. Poner la salsa por encima o al lado...





Este cake tine un sabor nada común, os lo aseguro, por la mezcla del eneldo, la miel, la mostaza y personalmente me ha parecido un auténtico descubrimiento. Si es que cuando me da por exprimirme el limón, al final hasta sale algo, de pura casualidad... Se me ocurre incluso hacerlo en un molde de cubitos de hielo y pinchados por un palillo, creo que como aperitivo tambien debería funcionar.